Es un sistema desarrollado para que las personas y en especial los jóvenes experimenten la sensación y las consecuencias de conducir bajo los efectos del alcohol y/o las drogas en un ambiente controlado y sin la necesidad de consumirlas.

Este sistema utilizado actualmente en EE.UU. se incluye dentro del programa escolar para alumnos desde los 16 años.

A través de esta experiencia, la concienciación respecto a los riesgos implícitos aumenta significativamente.

El primer éxito es conseguir que la personas experimenten por si mismos conducir intoxicado pero con la mente clara, por lo que es consciente de lo que esta ocurriendo y en que y como le afecta.

Al tiempo el resto de las personas presentes son espectadores de los errores que este comete, lo fácil que es identificar a un conductor borracho y el riesgo que supone estar cerca de él.